Una nueva herramienta revela por qué algunas personas se involucran en el debate político

Una nueva herramienta psicológica de la Universidad de Basilea mide hasta qué punto estamos dispuestos a dialogar con personas que discrepan. Los hallazgos desafían las suposiciones sobre el conflicto político y ofrecen pistas para superar las divisiones.

La democracia depende de que las personas estén dispuestas a dialogar más allá de las líneas políticas. Sin embargo, en una época de creciente polarización, muchos evitamos conversar con quienes ven el mundo de forma diferente.

Los investigadores de la Universidad de Basilea han desarrollado una forma de medir hasta dónde están dispuestas a llegar las personas al interactuar con puntos de vista opuestos, y qué separa a quienes se inclinan por conversaciones difíciles de quienes las rechazan.

La psicóloga social Melissa Jauch, investigadora asociada del Departamento de Psicología Social, y sus colegas crearon una herramienta llamada WEDO, abreviatura de Disposición a Interactuar con Personas de Pensamiento Diferente. Su trabajo, recientemente... publicado En la revista Political Psychology se basa en cuatro estudios en los que participaron estudiantes de psicología de Basilea, así como participantes de Estados Unidos y el Reino Unido.

Jauch parte de una premisa sencilla.

“La democracia prospera gracias al discurso político”, afirmó en un comunicado de prensa.

Para ella, esto no es un lema abstracto, sino una guía práctica.

Por lo tanto, en una democracia es esencial que las personas dialoguen. Esto ayuda a comprender mejor a la otra parte y, en el mejor de los casos, a superar las divisiones políticas. Por otro lado, también brinda la oportunidad de examinar críticamente las propias opiniones, añadió.

Al mismo tiempo, señaló, muchas personas rehúyen este tipo de intercambios, ya sea por temor a los conflictos, preocupación por dañar las relaciones o por querer proteger su autoestima. Esta tensión la llevó a una pregunta central: ¿en qué condiciones están realmente dispuestas las personas a hablar con quienes piensan diferente?

“Por lo tanto, es importante comprender las circunstancias en las que las personas están dispuestas a hablar con personas que piensan de manera diferente”, añadió Jauch.

Para explorar eso, el equipo de Basilea diseñó WEDO como una forma estructurada de capturar qué tan abierto es realmente alguien al desacuerdo.

En los estudios, a los participantes se les presentó primero un tema como la sostenibilidad o la inmigración y se les pidió que indicaran su propia postura en una escala de puntos. Este paso estableció su postura personal, desde una fuerte oposición hasta una fuerte defensa.

A continuación, llegó la prueba clave. Se pidió a los participantes que formaran un grupo de discusión hipotético sobre el mismo tema. Podían decidir qué rango de opiniones sería aceptable en el grupo. Algunos podrían incluir solo a personas cercanas a su propia opinión. Otros podrían estar dispuestos a incluir a personas con posturas moderadamente o incluso extremadamente diferentes.

Al observar la amplitud de puntos de vista que cada persona admitió en su conversación imaginaria, WEDO va más allá de una simple pregunta de sí o no sobre el diálogo. En cambio, captura la profundidad de la tolerancia de una persona al desacuerdo: cuán profunda es la división que está dispuesta a tolerar en una conversación.

En los cuatro estudios, se observó un patrón. Las personas más abiertas a interactuar con diferentes opiniones tendían a pensar de forma más analítica y mostraban un interés general por comprender los problemas a fondo. Se inclinaban más a examinar argumentos, sopesar la evidencia y buscar matices.

Por otra parte, quienes dependían más de juicios rápidos y categorías claras eran menos propensos a acoger con agrado opiniones opuestas.

“Sin embargo, las personas que tienden a pensar en blanco y negro y confían más en su intuición están menos dispuestas a dialogar”, añadió Jauch.

Uno de los hallazgos más sorprendentes, señaló Jauch, fue lo que no parecía importar tanto como se esperaba: si un tema era políticamente controvertido.

Los investigadores habían asumido que las personas serían especialmente reacias a escuchar opiniones opuestas sobre temas polémicos. Sin embargo, uno de los estudios sugirió lo contrario.

Supusimos que se tendería a evitar las opiniones divergentes cuando se trataba de temas controvertidos. Esto no resultó ser así; al contrario: según un estudio, las personas están más dispuestas a aceptar otras opiniones cuando se trata de temas controvertidos, añadió Jauch.

Ese resultado sugiere un panorama más esperanzador para el debate político. Cuando hay mucho en juego, algunas personas pueden sentirse más motivadas a comprender otras perspectivas, no menos.

El trabajo sigue en curso. Jauch y su equipo ven muchas preguntas abiertas. Quieren saber por qué los temas controvertidos a veces atraen a la gente al diálogo en lugar de alejarla, y qué tipos de entornos hacen que las discusiones políticas sean más constructivas en lugar de polarizarlas.

También están explorando si otros rasgos de personalidad, más allá del pensamiento analítico o intuitivo, influyen en la disposición de una persona a participar. Los estereotipos también pueden influir: si alguien asume que todos los que apoyan una postura particular son hostiles o ignorantes, podría estar menos inclinado a hablar.

Incluso en esta etapa inicial, los investigadores afirman que WEDO presenta claras ventajas. A diferencia de los experimentos de comportamiento a gran escala, que pueden requerir mucho tiempo y ser costosos, la herramienta es relativamente rápida de administrar y fácil de adaptar a diferentes temas y contextos culturales. Permite obtener una visión más matizada que simplemente preguntar si alguien apoya el diálogo en principio.

Al mapear la amplia gama de opiniones que las personas están dispuestas a considerar, WEDO puede ayudar a identificar los factores psicológicos y sociales que abren o cierran la puerta al diálogo. Este conocimiento podría orientar las iniciativas en educación, programas cívicos y plataformas en línea que buscan fomentar un debate público más sano.

Tanto para estudiantes como para ciudadanos, la investigación ofrece un espejo. Invita a las personas a preguntarse no solo qué creen, sino también hasta dónde están dispuestas a llegar para escuchar a quienes discrepan, y si están preparadas para ir más allá del pensamiento inclusivo hacia conversaciones más reflexivas y, potencialmente, tendentes a construir puentes.

Fuente: Universidad de Basilea