Investigadores de la Universidad de Melbourne y la Universidad de Stuttgart han desarrollado un método pionero para detectar nanoplásticos dañinos. Esta novedosa tecnología de tamiz óptico promete revolucionar el monitoreo de la contaminación plástica, ofreciendo soluciones asequibles y portátiles para la salud global y las ciencias ambientales.
Investigadores han desarrollado un método innovador para detectar nanoplásticos, ofreciendo una solución rentable y portátil con el potencial de impactar significativamente la vigilancia de la salud ambiental global. Esta innovadora tecnología, desarrollada por un equipo internacional de la Universidad de Melbourne y la Universidad de Stuttgart, representa un gran avance en la comprensión y la lucha contra el problema generalizado de la contaminación por plásticos.
Los nanoplásticos, incluso más pequeños y peligrosos que los microplásticos, suponen graves riesgos al infiltrarse en los alimentos, el agua y los tejidos humanos. Detectar estas diminutas partículas ha resultado ser desde hace tiempo un reto y un coste elevado, y a menudo requiere equipos sofisticados como microscopios electrónicos de barrido.
En un papel publicado En Nature Photonics, los investigadores introdujeron una tecnología de "tamiz óptico". Este novedoso enfoque, que utiliza un microchip de arseniuro de galio con una serie de cavidades diminutas, permite detectar, clasificar y contar partículas nanoplásticas en entornos reales.
Lukas Wesemann, de la Universidad de Melbourne, quien dirigió la investigación en el lado australiano, enfatizó el profundo impacto de este desarrollo.
“Hasta ahora, detectar y dimensionar partículas de plástico con diámetros inferiores a un micrómetro (una millonésima de metro) se ha basado en herramientas costosas como microscopios electrónicos de barrido, y ha sido casi imposible fuera de laboratorios avanzados, lo que nos ha impedido ver su verdadero impacto”, declaró Wesemann en un comunicado de prensa. “Nuestro novedoso tamiz óptico consiste en un conjunto de diminutas cavidades de diferentes tamaños en un microchip de arseniuro de galio”.
El tamiz óptico funciona capturando partículas de plástico en huecos de tamaño similar al verter sobre él un líquido que contiene nanoplásticos. Las partículas se clasifican en categorías de hasta 200 nanómetros de diámetro.
“Esencialmente, solo se necesita un microscopio óptico y una cámara básica para observar cambios de color distintivos en la luz que se refleja en el tamiz, lo que nos permite detectar y contar las partículas clasificadas”, agregó Wesemann.
El coautor Brad Clarke, profesor asociado de la Universidad de Melbourne, destacó la accesibilidad y asequibilidad de esta innovación para el monitoreo de la contaminación.
“Comprender la cantidad y la distribución del tamaño de los nanoplásticos es crucial para evaluar su impacto en la salud global y en los ecosistemas acuáticos y terrestres”, afirmó en el comunicado de prensa. “A diferencia de los microplásticos, los nanoplásticos más pequeños pueden atravesar barreras biológicas, incluida la barrera hematoencefálica, y acumularse en los tejidos corporales, lo que plantea graves problemas de salud relacionados con la exposición a sustancias tóxicas”.
El equipo validó su nueva técnica utilizando agua de lago mezclada con nanoplásticos y planea realizar pruebas futuras, incluyendo la identificación de nanoplásticos en muestras de sangre. A diferencia de los métodos existentes, este enfoque no requiere separar los plásticos de la materia biológica, explicó Wesemann.
Los investigadores ahora están explorando maneras de escalar esta innovación y convertirla en una solución de análisis ambiental disponible comercialmente. Esta posible comercialización podría facilitar el monitoreo generalizado.
Fuente: Universidad de Melbourne
