Un nuevo estudio de la Escuela de Gerontología Leonard Davis de la USC revela que los estadounidenses con menos educación envejecen biológicamente más rápido, lo que pone de relieve las crecientes desigualdades en materia de salud vinculadas al nivel educativo.
Los estadounidenses con menos educación están envejeciendo biológicamente más rápido que sus pares con más educación, y esta brecha se ha ampliado significativamente en las últimas tres décadas, según un nuevo estudio realizado por investigadores de la Escuela de Gerontología Leonard Davis de la USC.
El estudio, publicado En la revista Demography, se profundiza en el concepto de “envejecimiento biológico”, una medida integral del envejecimiento que evalúa qué tan bien funcionan los órganos y sistemas de una persona, en lugar de centrarse únicamente en la edad cronológica.
La investigación subraya cómo dos individuos de la misma edad cronológica pueden exhibir diferencias considerables en su edad biológica: uno puede poseer el perfil de salud de alguien mucho más joven, mientras que el otro puede estar ya experimentando signos de envejecimiento avanzado.
“La edad biológica nos da una visión más clara de la salud que la edad cronológica”, declaró en un comunicado de prensa la autora principal, Eileen Crimmins, profesora de la Universidad del Sur de California (USC). “Nos ayuda a comprender quiénes tienen más probabilidades de mantenerse sanos por más tiempo y quiénes podrían tener un mayor riesgo de padecer enfermedades y discapacidades”.
La creciente división
Utilizando datos de la Encuesta Nacional de Examen de Salud y Nutrición, el equipo de la USC revisó los registros de adultos de entre 50 y 79 años durante dos períodos: 1988-1994 y 2015-2018.
Sus hallazgos indican que, si bien el envejecimiento biológico se ha desacelerado en términos generales, la tasa de mejora está fuertemente sesgada hacia aquellos con educación superior.
A finales de la década de 1980 y principios de la de 1990, la brecha de envejecimiento biológico entre las personas con menos de un título universitario y las que tenían un título universitario era de aproximadamente un año.
Esta disparidad casi se ha duplicado, llegando a dos años entre 2015 y 2018.
“Esto significa que las personas con mayor nivel educativo tienen un envejecimiento biológico más lento que el resto”, añadió el primer autor Mateo Farina, profesor adjunto de Desarrollo Humano y Ciencias de la Familia en la Universidad de Texas en Austin y exinvestigador postdoctoral de la Escuela Leonard Davis de la USC. “Las mejoras que observamos en la salud de la población no se están distribuyendo equitativamente”.
Papel de la educación
El nivel educativo influye en diversos aspectos de la vida que desempeñan un papel decisivo en los resultados de salud, como las oportunidades laborales, los ingresos, las condiciones de vida y el acceso a la atención sanitaria.
Los niveles de educación más altos también suelen correlacionarse con comportamientos más saludables, como fumar menos y hacer más ejercicio.
Curiosamente, el estudio reveló que estos cambios en el tabaquismo, la obesidad o el consumo de medicamentos no explicaban por completo la creciente brecha biológica del envejecimiento. En cambio, las diferencias parecían estar directamente relacionadas con la propia educación.
“La educación configura las oportunidades y los riesgos a lo largo de la vida”, añadió Crimmins. “Es un poderoso determinante social de la salud y está influyendo en la rapidez o lentitud con la que envejecemos”.
Un Llamado a la Acción
La creciente desigualdad educativa en el envejecimiento biológico sugiere graves consecuencias para las generaciones futuras. Quienes tienen menos educación podrían no solo enfrentar una esperanza de vida más corta, sino también padecer más años de mala salud.
Esta tendencia plantea enormes desafíos para las familias, las comunidades y el sistema de atención de la salud.
“No se trata solo de una decisión individual; es un problema social”, añadió Farina. “Si queremos reducir las disparidades en salud, debemos considerar la educación como una inversión en salud pública”.
