Un nuevo estudio revela lagunas en los informes corporativos sobre la salud de los océanos

A medida que el uso de los océanos aumenta con los avances tecnológicos, un nuevo estudio revela brechas significativas en cómo las corporaciones revelan sus impactos en los ecosistemas marinos, instando a una mayor transparencia y responsabilidad.

A medida que se intensifica el escrutinio por parte de los responsables políticos y los financistas sobre los impactos ambientales de las empresas, un estudio reciente destaca una deficiencia significativa en el modo en que las empresas informan sobre sus efectos en la salud de los océanos.

El estudio, publicado En la revista Nature Sustainability, se investigan las discrepancias entre los impactos industriales en el océano y las divulgaciones realizadas por las principales corporaciones dentro de los sectores de la economía oceánica.

El autor principal, Jean-Baptiste Jouffray, investigador postdoctoral Wallenberg en el Centro de Soluciones Oceánicas de la Universidad de Stanford y el Proyecto de Capital Natural con sede en Stanford, destacó la dependencia histórica de la humanidad del océano.

“La humanidad ha dependido del océano durante milenios; sin embargo, la escala y la diversidad de su uso actual no tienen precedentes”, declaró en un comunicado de prensa. “Si bien esto ofrece oportunidades para el bienestar humano, también plantea graves riesgos para los ecosistemas y las comunidades que dependen de ellos”.

El auge de la economía oceánica y su impacto

El océano, que cubre casi tres cuartas partes del planeta, se ha convertido en un centro de intensa actividad.

Los avances tecnológicos han provocado un enorme crecimiento en industrias como el transporte marítimo, la energía eólica marina y las comunicaciones por fibra óptica en los fondos marinos.

En sólo dos décadas, el transporte marítimo se ha quintuplicado, la energía eólica marina se ha expandido más de 500 veces y casi un millón de kilómetros de cables marinos se utilizan ahora para las comunicaciones globales.

A pesar de este rápido crecimiento, el desafío radica en gestionar los graves riesgos que se ciernen sobre los ecosistemas marinos. La introducción de especies invasoras —destacada por el hecho de que cada tres días se introduce una nueva especie en una nueva zona del océano— ha tenido consecuencias profundas y de gran alcance.

Los hallazgos del estudio

Jouffray y su equipo de investigación analizaron los informes anuales y de sostenibilidad de las 10 principales empresas de ocho sectores clave de la economía oceánica. Estos sectores incluyen el turismo de cruceros, la construcción y el equipamiento marino, el petróleo y el gas en alta mar, la energía eólica marina, las actividades portuarias, los productos del mar, la construcción y reparación naval, y el transporte marítimo de contenedores.

El estudio abarcó los años 2018 a 2020, con el objetivo de identificar cómo las empresas informan sus impactos ambientales, qué mediciones utilizan y qué objetivos establecen, si los hay.

La investigación reveló lagunas cruciales en la divulgación corporativa.

Las empresas se centraron principalmente en el uso de energía y las emisiones de gases de efecto invernadero, pero prestaron poca atención a los impactos específicos del océano, como la destrucción del hábitat, la sobrepesca, el ruido submarino o la propagación de especies invasoras.

Menos de un tercio de las empresas informaron indicadores relacionados con los impactos en la biodiversidad y hubo una notable falta de estandarización en los indicadores utilizados en las empresas.

Hacia una mejor regulación y respuestas financieras

Las implicaciones de una mejor divulgación podrían ser de gran alcance. Una vez que la información sobre el clima y la naturaleza se haga pública, los inversores y los prestamistas podrán evaluar mejor los riesgos asociados a sus inversiones.

En teoría, cuanta más información revelen las empresas sobre sus operaciones, mejor se puede influir en su comportamiento. Pero eso requiere que alguien actúe con base en esa información —añadió Jouffray—. La transparencia por sí sola es una base necesaria, pero no suficiente, para la rendición de cuentas corporativa.

Varios marcos voluntarios de información sobre clima y naturaleza ya están trabajando para incorporar los impactos oceánicos en sus estándares. Iniciativas como el Grupo de Trabajo sobre Divulgaciones Financieras Relacionadas con la Naturaleza y la Alianza Mundial de Referencia son fundamentales para impulsar la transparencia, logrando que dichas divulgaciones sean tan estándar como lo son hoy los informes financieros.

Los investigadores se centran ahora en generar consenso sobre los indicadores que deben incluirse e identificar las deficiencias en los datos y las políticas actuales. Sus esfuerzos se extienden a la colaboración con sistemas de monitoreo similares a Global Fishing Watch para, potencialmente, proporcionar datos de terceros, garantizando así informes más precisos y completos.

El papel de los inversores

La siguiente fase de la investigación implica analizar el papel de los financieros en el fomento de mejores prácticas corporativas.

El coautor John Virdin, director del Programa de Política Oceánica del Instituto Nicholas de Energía, Medio Ambiente y Sostenibilidad de la Universidad de Duke, expresó un gran interés en esta área.

Ahora que tenemos una base de datos de los impactos oceánicos que las empresas reportan, nos interesa saber: si se mejoran estos informes, ¿actuarían las entidades financieras con base en esa información? ¿Cambiarían las decisiones de inversión en la economía oceánica? Estas son preguntas que estamos abordando ahora —dijo—.

Fuente: Universidad de Stanford