Un nuevo estudio sugiere que la ELA y la EM podrían tener una causa ambiental común, y los investigadores han descubierto una fuerte asociación geográfica entre ambas enfermedades. Este descubrimiento podría ayudar a identificar los factores contribuyentes e informar sobre futuros enfoques de tratamiento.
Un nuevo estudio publicado Un estudio publicado en la revista Nature Scientific Reports ha revelado una sorprendente asociación geográfica entre la esclerosis lateral amiotrófica (ELA) y la esclerosis múltiple (EM), lo que sugiere una posible causa ambiental compartida. Este descubrimiento cuestiona investigaciones previas y ofrece nuevas vías para comprender estas enfermedades neurológicas debilitantes.
Según el estudio, la ELA y la EM muestran una fuerte correlación geográfica, incluso después de tener en cuenta variables como la raza, el género, la riqueza, la latitud y el acceso a la atención médica neurológica.
"Los resultados del estudio son sorprendentes porque estudios anteriores generalmente han concluido que no había evidencia de un vínculo mecanicista o genético entre las dos enfermedades", dijo Melissa Schilling, profesora de la Escuela de Negocios Stern de la Universidad de Nueva York, quien realizó la investigación, en un comunicado de prensa.
La investigación utiliza mapas de calor para ilustrar los patrones geográficos de la ELA y la EM en Estados Unidos. Schilling, especializada en econometría y análisis de datos a gran escala, inició esta trayectoria hace casi una década después de que una amiga con ELA le solicitara que examinara los datos.
Me sorprendió mucho encontrar un patrón geográfico tan marcado, ya que la mayoría de las investigaciones sobre la ELA no enfatizan el papel de la geografía. Me sorprendió aún más descubrir que la ELA tiene una asociación muy fuerte con la geografía de la EM —añadió Schilling—.
Una revelación clave del estudio es la "Paradoja de Simpson", una anomalía estadística que probablemente ha oscurecido la relación entre la ELA y la EM hasta ahora. Al examinar datos desagregados por género, los investigadores observaron una fuerte correlación positiva en la distribución geográfica de ambas enfermedades para hombres y mujeres por separado.
Sin embargo, esta relación se hizo menos evidente cuando se agruparon los datos, ya que la ELA generalmente es más frecuente en hombres y la EM en mujeres.
La investigación histórica ha indicado un gradiente norte-sur en la distribución de la EM, lo que ha dado lugar a teorías de que factores como la luz ultravioleta o la vitamina D podrían influir en la enfermedad. Sin embargo, los estudios sobre suplementación arrojaron resultados inconsistentes.
Los nuevos hallazgos sugieren una correlación geográfica más profunda entre la ELA y la EM que con la latitud, lo que implica un factor ambiental compartido.
“Este hallazgo es importante porque sugiere que un factor ambiental probablemente juega un papel significativo en ambas enfermedades, y eso podría proporcionar pistas que nos ayuden a determinar qué las causa y cómo podrían evitarse o tratarse”, agregó Schilling.
Los factores ambientales potenciales podrían incluir elementos naturales, como virus, parásitos, algas y moho, y elementos creados por el hombre, como el uso de combustible para calefacción, prácticas agrícolas, procesos industriales, minería y contaminación química.
Schilling destaca la necesidad de realizar comparaciones geográficas más centradas, en particular en lugares únicos como las Islas Feroe, donde los casos de EM aumentaron después de la ocupación militar en la década de 1940.
Los resultados principales del estudio se basan en datos demográficos y de mortalidad a nivel estatal de la base de datos WONDER de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE. UU., complementados con datos de mortalidad global de la Organización Mundial de la Salud.
Los hallazgos consistentes en diferentes regiones subrayan la urgencia de identificar los factores ambientales subyacentes. Como sugiere Schilling, un análisis más detallado de las distintas geografías podría acotar la búsqueda de los elusivos desencadenantes ambientales responsables de estas enfermedades.
Fuente: New York University
