Los científicos de la Universidad Estatal de Michigan han creado un sistema innovador y escalable para hacer que los mercados de carbono sean más confiables y efectivos, ayudando a los agricultores a adoptar prácticas regenerativas para un mayor impacto climático.
En un paso significativo hacia la mejora de los mercados de carbono agrícola, investigadores de la Universidad Estatal de Michigan han desarrollado un sistema más preciso y escalable para medir los beneficios climáticos de las prácticas agrícolas regenerativas.
La investigación, dirigida por el científico de sistemas agrícolas Bruno Basso, tiene como objetivo resolver el problema de establecer líneas de base precisas para los cálculos de créditos de carbono.
Los sistemas actuales suelen utilizar valores de referencia fijos que no consideran los cambios en el carbono del suelo ni las emisiones derivadas de las prácticas agrícolas habituales, lo que puede distorsionar los cálculos de los créditos de carbono. Esto mina la confianza del mercado.
“La elección de la línea base puede influir drásticamente en la generación de créditos de carbono; si el modelo es inexacto, podrían emitirse demasiados o muy pocos créditos, poniendo en duda la legitimidad del mercado”, afirmó Basso, profesor distinguido John A. Hannah de la MSU, en un comunicado de prensa.
Publicado En la revista Scientific Reports, el estudio abarca 46 millones de hectáreas de tierras de cultivo en 12 estados del Medio Oeste. La investigación proporciona a las partes interesadas un marco escalable y científicamente sólido que ofrece credibilidad y simplicidad, lo que facilita una adopción más amplia de la agricultura regenerativa.
Abordar los mercados de carbono y la agricultura regenerativa
Las prácticas de agricultura regenerativa, como los cultivos de cobertura, la labranza reducida y la rotación diversificada de cultivos, ayudan a restaurar la salud del suelo, mejorar la biodiversidad y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Los mercados de carbono ofrecen un mecanismo financiero para acelerar la transición a estas prácticas sostenibles, compensando a los agricultores por los beneficios climáticos comprobados.
Sin embargo, la eficacia de estos mercados depende de sistemas de medición fiables y con base científica. El enfoque innovador del equipo de la MSU integra múltiples modelos, datos de campo y teledetección para proporcionar una evaluación completa y precisa de estos beneficios.
Un enfoque innovador de conjunto multimodelo
Para mejorar la precisión de las predicciones del carbono del suelo, los científicos de la MSU utilizaron un marco de conjunto de modelos múltiples (MME) que involucra ocho modelos biogeoquímicos y de cultivos validados.
Este enfoque abarca 40,000 ubicaciones en 934 condados del Medio Oeste. El MME reduce la incertidumbre en las predicciones de carbono del suelo del 99 % (con modelos individuales) al 36 %.
“Esto supone un punto de inflexión para los mercados de carbono”, añadió Basso. “Ofrece un nivel de precisión y escalabilidad —desde campos individuales hasta regiones enteras— del que carecen los sistemas actuales”.
El sistema MME permite la creación de líneas de base dinámicas basadas en la práctica, lo que reduce la carga de recopilación de datos y facilita la participación de los agricultores.
Evaluación integral del impacto climático
A diferencia de muchos otros métodos, el estudio dirigido por la MSU evalúa tanto el secuestro de carbono orgánico del suelo (COS) como las emisiones de óxido nitroso para determinar el impacto climático neto. Este enfoque integral garantiza que los créditos de carbono reflejen una verdadera mitigación climática.
"Esta evaluación integral garantiza que los créditos de carbono representen una verdadera mitigación del clima", agregó el coautor Tommaso Tadiello, investigador postdoctoral en el Departamento de Ciencias de la Tierra y del Medio Ambiente de la MSU.
“Una práctica que aumenta el carbono del suelo puede mejorar su salud, pero podría no generar beneficios climáticos reales si simultáneamente aumenta las emisiones de óxido nitroso”, añadió Basso. “Nuestro método proporciona una contabilidad completa del efecto climático neto”.
El estudio encontró que una combinación de siembra directa y cultivos de cobertura podría producir una mitigación neta promedio de 1.2 toneladas métricas de dióxido de carbono equivalente por hectárea al año, reduciendo potencialmente 16.4 teragramos de dióxido de carbono equivalente en el área de estudio.
Fuente: Michigan State University
