Científicos canadienses revelan un novedoso método para mejorar los niveles de azúcar en sangre y la salud hepática mediante la interceptación de moléculas dañinas producidas por las bacterias intestinales. Este avance podría conducir a nuevos tratamientos para la diabetes tipo 2 y la enfermedad del hígado graso.
En un avance significativo, investigadores canadienses han descubierto una nueva forma de mejorar los niveles de azúcar en sangre y reducir el daño hepático al interceptar un combustible poco conocido producido por las bacterias intestinales. Esta investigación crucial podría allanar el camino para nuevas terapias para tratar enfermedades metabólicas como la diabetes tipo 2 y la enfermedad del hígado graso.
El estudio, publicado En un estudio publicado en la revista Cell Metabolism, publicado en la revista Nature Communications, realizado por científicos de la Universidad McMaster, la Universidad Laval y la Universidad de Ottawa.
Sus hallazgos revelan que una molécula producida por los microbios intestinales puede entrar al torrente sanguíneo y provocar una sobreproducción de glucosa y grasa en el hígado. Sin embargo, al retener esta molécula en el intestino antes de que entre al organismo, los investigadores observaron mejoras significativas en el control de la glucemia y la enfermedad del hígado graso en ratones obesos.
“Este es un nuevo giro en una vía metabólica clásica”, declaró en un comunicado de prensa Jonathan Schertzer, autor principal y correspondiente, profesor del Departamento de Bioquímica y Ciencias Biomédicas de McMaster. “Sabemos desde hace casi un siglo que los músculos y el hígado intercambian lactato y glucosa, un proceso denominado ciclo de Cori. Lo que hemos descubierto es una nueva rama de ese ciclo, en la que las bacterias intestinales también participan”.
El ciclo Cori, establecido a través del trabajo de los científicos ganadores del Premio Nobel Carl Ferdinand Cori y Gerty Theresa Cori en 1947, sentó las bases para comprender cómo los músculos generan lactato para alimentar al hígado en la producción de glucosa.
Esta nueva investigación se basa en esta base al demostrar que las personas obesas tienen niveles elevados de una molécula llamada D-lactato, producida principalmente por bacterias intestinales, lo que agrava los problemas de azúcar en sangre y grasa en el hígado.
Para combatir esto, los investigadores idearon una “trampa de sustrato intestinal”, un polímero biodegradable que se une al D-lactato en el intestino, evitando que se absorba en el torrente sanguíneo.
Cuando se administró a ratones obesos, esta trampa provocó menores niveles de glucosa en sangre, redujo la resistencia a la insulina y disminuyó la inflamación y la fibrosis del hígado, todo ello sin necesidad de realizar cambios en la dieta o el peso corporal de los ratones.
“Esta es una forma completamente nueva de abordar el tratamiento de enfermedades metabólicas como la diabetes tipo 2 y la enfermedad del hígado graso. En lugar de atacar directamente las hormonas o el hígado, interceptamos una fuente de energía microbiana antes de que pueda causar daño”, añadió Schertzer.
La investigación, financiada por los Institutos Canadienses de Investigación en Salud (CIHR), subraya el creciente reconocimiento del papel del microbioma en las enfermedades crónicas. Este descubrimiento no solo amplía nuestra comprensión de las vías metabólicas, sino que también destaca el potencial de las terapias dirigidas al microbioma.
Fuente: Universidad McMaster

