Cómo un virus común y una variante genética se unen para desencadenar la EM

Un equipo dirigido por la Universidad de Zúrich ha descubierto cómo un virus común y una variante genética específica pueden desencadenar conjuntamente la esclerosis múltiple. El trabajo ayuda a explicar quiénes padecen EM y apunta a nuevas formas de prevenir o tratar la enfermedad.

Un virus común transmitido por la mayoría de las personas en el mundo puede ayudar a desencadenar la esclerosis múltiple sólo cuando choca con un factor de riesgo genético específico, según una nueva investigación realizada por la Universidad de Zurich en colaboración con científicos de la Universidad de Ciencia y Tecnología de China, la Universidad de Tübingen y el Imperial College de Londres.

Publicado En la revista Cell, el estudio arroja luz sobre un misterio de larga data: por qué la infección con el virus de Epstein-Barr, o VEB, parece ser necesaria para que se desarrolle la EM, pero no es suficiente por sí sola para causar la enfermedad.

Casi todas las personas con EM se han infectado con el VEB, un virus del herpes conocido por causar mononucleosis infecciosa (o mono) al contraerse al final de la adolescencia. Sin embargo, alrededor del 95 % de los adultos sanos también son portadores del virus sin desarrollar EM.

El nuevo trabajo, dirigido por Roland Martin en el Instituto de Inmunología Experimental de la Universidad de Zúrich, ayuda a explicar esa brecha al mostrar cómo el VEB y una variante genética particular pueden trabajar juntos a nivel molecular para lanzar un ataque autoinmune al cerebro.

El equipo de investigación se centró en un patrón genético llamado HLA-DR15, fuertemente asociado con la EM. Las moléculas de HLA se encuentran en la superficie de las células y actúan como expositores, mostrando fragmentos de proteínas a los glóbulos blancos para que el sistema inmunitario pueda distinguir entre amigos y enemigos.

“Además de la infección por VEB, los factores de riesgo genéticos también juegan un papel, en particular el llamado haplotipo HLA-DR15”, dijo Martin en un comunicado de prensa.

El equipo descubrió que en las personas portadoras de HLA-DR15, la infección por VEB desencadena una reacción en cadena que involucra dos tipos clave de células inmunes: las células T y las células B.

Los linfocitos T son glóbulos blancos que patrullan el cuerpo en busca de células infectadas o anormales. Los linfocitos B producen anticuerpos y pueden ser infectados por el VEB, que persiste en ellos de por vida. En circunstancias normales, estos linfocitos mantienen el virus bajo control.

“Tanto las células T como los anticuerpos producidos por las células B normalmente controlan la infección de manera muy efectiva y evitan que el virus se reactive”, añadió Martin.

El nuevo estudio muestra que, en algunas personas con la variante HLA-DR15, la infección por VEB reconfigura sutilmente las células B infectadas. El virus modifica los genes que se activan dentro de estas células, impulsándolas a producir una proteína de mielina que es un objetivo principal en la EM.

La mielina es la vaina grasa y aislante que envuelve las fibras nerviosas del cerebro y la médula espinal. Permite que las señales eléctricas viajen con rapidez y eficiencia. Cuando la mielina se daña, la comunicación nerviosa se ralentiza o falla, lo que provoca síntomas como debilidad muscular, parálisis, problemas de visión y fatiga intensa.

Según los investigadores, fragmentos de la proteína mielina producida por las células B infectadas con el VEB se transportan a la superficie celular y se muestran junto con la molécula HLA-DR15. Las células T, adaptadas para reconocer esta combinación, se activan. Una vez activadas, pueden atacar por error la propia mielina del organismo en el cerebro y la médula espinal, convirtiendo una respuesta antiviral normal en un ataque autoinmunitario.

En otras palabras, las mismas células inmunes que habitualmente protegen contra el VEB pueden, en un contexto genético y viral equivocado, ser redirigidas contra el sistema nervioso.

"Nuestro estudio muestra cómo los factores de riesgo genéticos y ambientales más importantes pueden contribuir a la EM y desencadenar una respuesta autoinmune que ataca los componentes de mielina en el cerebro", añadió Martin.

La esclerosis múltiple es una enfermedad crónica, a menudo incapacitante, que suele comenzar en la edad adulta temprana y afecta a cientos de miles de personas en todo el mundo. Los científicos han sospechado desde hace tiempo que tanto los genes como el entorno están involucrados, pero los mecanismos precisos que los vinculan han sido difíciles de determinar. El VEB se ha convertido en el principal sospechoso ambiental, especialmente cuando la infección se produce en etapas posteriores de la vida y causa mononucleosis, la cual se asocia con un riesgo considerablemente mayor de EM.

Al mapear cómo interactúan el VEB y el HLA-DR15 dentro de las células inmunes, la nueva investigación proporciona una imagen más clara de cómo ese riesgo puede traducirse en enfermedad.

Los hallazgos también llegan en un momento en que varios grupos de investigación, empresas biotecnológicas y farmacéuticas se apresuran a desarrollar vacunas contra el VEB. Dado que el virus está implicado no solo en la esclerosis múltiple, sino también en otras enfermedades autoinmunes como la artritis reumatoide y el lupus sistémico, así como en ciertos tipos de cáncer, una vacuna eficaz podría tener amplios beneficios.

Más allá de las vacunas, el estudio apunta a estrategias de tratamiento más específicas. Si los científicos logran bloquear los pasos específicos que llevan a las células B infectadas con el VEB a presentar fragmentos de mielina a las células T, podrían prevenir o atenuar la respuesta autoinmune sin inhibir por completo el sistema inmunitario.

“Nuestros hallazgos revelan mecanismos que podrían ser el objetivo de nuevas terapias”, añadió Martin.

Es probable que trabajos futuros exploren la frecuencia de la combinación de riesgo de cambios provocados por el VEB y el HLA-DR15 en personas con EM, y si mecanismos similares intervienen en otras enfermedades autoinmunes asociadas al VEB. Para pacientes y profesionales clínicos, la investigación ofrece una explicación más concreta de cómo un virus ubicuo y genes hereditarios pueden interactuar para producir una enfermedad que altera la vida, y una hoja de ruta más clara para intervenciones que algún día podrían detener la EM antes de que se manifieste.

Fuente: Universidad de Zurich